Hace poco me he dado cuenta de que no solía escuchar a la gente. Pensaba que quizá estaba demasiado preocupada con mis problemas para escuchar los suyos... pero no, eso no encaja conmigo, porque en realidad me preocupa la gente. Así que, después de mucho analizarlo, he descubierto que lo que me preocupaba era que me hicieran más daño. Creo que confié demasiado (y demasiadas veces) en gente que no lo merecía. Y que no lo merecían no porque fueran malas personas, o tuvieran malas intenciones... sólo no lo merecían porque no estaban dispuestos a confiar en mí. Lo de la confianza, o es recíproco o no es nada. Se debe confiar en las personas cercanas; porque, de lo contrario, no se puede llegar a saber quiénes son, ni se puede tener paciencia con ellos, ni se puede llegar al centro de sus corazones: porque si no confiamos no abrimos los nuestros para que puedan pasar. Hoy, o ayer, o hace unos días (no tiene importancia), empiezo otra vida: una vida en la que vuelvo a confiar. No sé a dónde me llevará este camino. Pero estoy segura que a través de él llegaré mucho más lejos que atravesando el camino huraño de la desconfianza y del alejamiento respecto de la gente cercana por el que últimamente me estaba desviando. Vuelvo a escuchar, y me gusta lo que la gente me dice. Y espero que a la gente le guste lo que yo les pueda contar...
la montaña
Hace 6 días

1 opinion/es más:
Les gustará, aprenderás además muchas cosas y recordarás otras que creías haber olvidado. Suerte en tu nueva andadura.
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