21/2/10

confiar

Hace tiempo intento encontrar confianza. Confianza en mí misma y confianza en los demás. Para mí es muy complicado, porque convivo a diario (laboralmente) con gente en la que no puedo confiar. No puedo dar fe de que todo lo que me digan va a resultar cierto, por lo que hace años voy construyendo una coraza, intentando no ser crédula y no creer siempre lo que me dicen.
Pero es contradictorio, porque yo soy, por naturaleza, bastante ingenua, y creo en que lo que me digan será cierto. Mi frase, aunque critico después por cándidos a aquellos que la utilizan, es “¿por qué lo iba a decir si no fuera cierto?”.
Y además me complica la vida, porque empiezo a entender que me cuesta tener una actitud diferente en función de quién tengo delante: si me volví desconfiada, si levanté una pared a mi alrededor, fue para todo el mundo.

Tendré que aceptar que la vida tiene parcelas, que es cierto que hay “gajes del oficio”, y que debo encontrar algún modo de regular mi confianza, dando más a quienes me dan a mí, y desconfiando del resto... Seguiré trabajando-me...

una nuez en el bolsillo

El poeta René Char cuenta la historia siguiente (en su libro Hojas de Hipnos):
Durante la Segunda Guerra mundial, hubo que disponer de un campo para que aterrizaran los aviones ingleses que apoyaban a los partisanos.
Encuentran el suelo apropiado, pero sólo tiene un problema: que se encuentra poblado de árboles.
El campesino al que pertenecía, sólo pone por condición que no se derribe el viejo nogal centenario que se encontraba en él. Pero la condición es imposible de cumplir. El árbol cae.
Los hombres que desentierran la raíz principal advierten que llega hasta la altura del fémur de un guerrero enterrado allí desde la Edad Media.
Había sido sepultado en el siglo XII con su armadura y una nuez en el bolsillo. De esa nuez había nacido el nogal.

Char fue maquis en la Provenza, comandante de la Résistence clandestina, con lo que entiendo que el contexto de la historia debía ser político.

A mi en cambio me sugiere una reflexión humanista, y es que las personas en general necesitamos (seguramente por condición genética) dejar un legado. La mayoría optan por tener hijos (supervivencia de la especie) y otros llevan dicha necesidad al arte o cualquier otro modo de pervivencia de las ideas.
Pero de lo que no solemos darnos cuenta es de que la mayoría, con intención o sin ella, dejamos un legado, porque los que conviven con nosotros se ven influidos por lo que hacemos y por lo que vivimos.
Quiero pensar que cada uno de nosotros deja una nuez en su entorno y que, llegue o no a ser un nogal centenario, seguro que algo cambia en el sustrato de la vida del resto.

13/2/10

el poeta

En general no me gusta la poesía, salvo si me la cantan: Serrat, Paco Ibáñez, Pedro Guerra... la lista es larga.
A pesar de lo cual, hay ciertos poemas que adoro (alguno ya lo dejé por aquí).


Con ese antecedente, me acabo de leer un libro de poemas, EL POETA, de FONI. un poeta socarrón y cínico (no sé si él estaría de acuerdo con eso, pero así lo veo yo).


Es lo que tiene que el padre de una se haya vuelto rapsoda con la edad. Que tiene amigos poetas y todo encauza a que yo lo lea, después de que me lo reciten (no es como el cantar, pero tiene su gracia).


Por no desvelar el contenido, os reproduzco lo que el poeta cuenta en la contraportada. Es lo que ha hecho que me interese por él, lo aporto buscando el mismo efecto. No tiene desperdicio:


Durante años pensé en la palabra que no miente jamás, en la pintura que miente siempre y en la música que lo lía todo.
También creí en el amor como algo grande, hasta sublime y maravilloso. Pero los años pasan y te van dejando pegajoso y con poco pelo. Y sí, viví el amor hasta el éxtasis y el desamor hasta las heces. Con lo cual, ahora, me llega, en ocasiones, una soledad que no conmueve. Creo que la palabra miente casi siempre, la pintura dice la verdad, y la música lo sigue liando todo. Uno de esos días intentaré aprender a tocar la armónica.
FONI


joan-foni-illamola.blogspot.com
Imagen: Pal

6/2/10

caminos

Hace tiempo que busco mi camino.
De hecho, últimamente siento que, o empiezo a vislumbrar la senda correcta o, como mínimo, empiezo a entender qué caminos no son los míos. En cualquier caso, estoy en un momento en que ciertas cosas me hacen pensar mucho.
Como el poema de Henley, que se convierte en el live motive de la recien estrenada Invictus. Y del que también aparece un fragmento en El club de los poetas muertos. Creo que el texto no requiere más comentario:

Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma

William Ernest Henley