21/7/12

día del amigo

Me han contado que tal día como ayer, 20 de Julio, se celebra en Argentina y algunos otros países el día del amigo.
Es curioso… parece que hay un día para cada cosa… pero no podía faltar, supongo, el día del amigo. Tanto es así que, según he leído, aunque parece que se celebraba el 20 de Julio con motivo del aterrizaje lunar del Apolo, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió que había que celebrarlo pero que sería el día 30 de Julio.
Eso sí que me parece una tontería: si varios países deciden celebrar algo (y con lo complicado que es ponerse de acuerdo), qué sentido tiene cambiarle la fecha? Es como si ahora decidiéramos que le cambiaremos el día a la Navidad, o a cualquier otra fiesta porque nos cuadra más con el calendario…
En fin, para quien no lo haya celebrado ayer, tenéis una segunda oportunidad dentro de unos días y, lo importante que saco de esto es que tener una amistad (o varias) es algo lo suficientemente valioso como para que se pueda celebrar día a día. Mucho más si es el día del amigo.

1/7/12

7 segundos de memoria

Siempre que he pensado en la memoria creí que sería estupendo no recordar. De hecho, suele venirme a la cabeza la visión que Nietzsche tenía sobre ella, donde dice que el animal está, a diferencia del hombre, amarrado al poste del instante (tenéis el texto íntegro más abajo).

Sin embargo, existe un caso documentado en la historia de un hombre cuya memoria tiene una duración de 7 segundos, el caso de amnesia más grave del mundo.
Es un caso triste de alguien que quiere recordar pero no puede, que no es consciente de estar triste (porque eso también lo olvida), pero que no es capaz tampoco de ser feliz, porque sabe que le falta algo… aunque no recuerda qué.
Os dejo aquí el video. Vale la pena verlo. Resuelve interrogantes como el mío y, además, nos recuerda la importancia de vivir el instante… pero un instante diferente del que vive él.



"Contempla el tropel pastando a tu lado: no sabe lo que es el ayer ni el hoy, corre de un lado a otro, pasta, descansa, digiere y vuelve a correr. Así continúa, de la madrugada a la noche, de día a día. Así, con la gana y el desgano amarrado al poste del instante, no siente melancolía ni tedio. Esta observación resulta dura al hombre que, mientras se jacta de su humanidad ante el animal, anhela celosamente obtener su dicha. Es eso lo que desea, cual el animal, vivir sin hastío ni dolor. Pero lo anhela el vano porque no lo desea del mismo modo que el animal. El hombre habrá preguntado algún día al animal: “¿por qué tan sólo me miras y no das cuenta de tu dicha?”. El animal, por cierto, habría querido contestar: “eso ocurre porque siempre olvido lo que quise decir”.  Pero en ese instante ya olvidó la respuesta y enmudeció, dejando al hombre atónito.
Segunda consideración intempestiva - F. Nietzsche