29/8/14

salud para criarla

Hace tiempo que pienso que la crisis de los cuarenta, en realidad, debería trasladarse y hablar de la crisis de los cincuenta. 
Porque, si se trataba de una crisis de identidad al llegar a la mitad estadística de nuestra vida, hay que tener en cuenta que ya no se espera que vivamos 80 años, sino cerca de 100. Por lo que, como digo, la crisis debería ser a los 50.

En cualquier caso, yo no sé si llegaré a pasar esa crisis. Lo que tengo claro es que en estos momentos  acabo de cumplir 41 años y siento que estoy en la mejor etapa de mi vida.
Bertolt Brecht decía que "la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer". Imagino que lo que ocurre en mi caso es que lo nuevo sí que ha nacido... y en todo su esplendor.

Los cuarenta han venido a mi vida trayendo un espíritu renovado. No creo que tuviera nada que ver con la edad (más bien con acontecimientos personales), pero sea por lo que sea es estupendo:
Conseguí pasar página de mi pasado (lo que quizá sí tenga que ver con la edad y la madurez), decidí formar una familia y, de pronto, me encuentro con el que (si todo va bien) será el amor de mi vida… Después de tanto tiempo pensando que no aparecería una persona adecuada, me encuentro con un hombre que, por primera vez, me respeta, me hace sentir querida, me hace reír y me quiere ¿qué más se puede pedir?

Desde que tengo a la niña, me he familiarizado con la expresión “salud para criarla” ya que todas las abuelas me lo dicen cuando me saludan y ven a la niña. Así que sólo le pido eso al futuro, salud  para criar una vida que se me antoja que por fin será una buena vida. 

23/7/14

nueva vida

Han  pasado muchos meses desde mi último post...  en ese tiempo he generado una vida. Una hermosa niña. Pero no he sido capaz de escribir prácticamente nada.

Me preguntaba por qué y no supe responder.  Pero me temo que, como suele ser habitual en mi vida, el miedo era la respuesta.  Creo que temía tanto que le pasara algo y no llegara a fin que no era capaz de contar nada. Solo habría sido capaz de hablar sobre eso y era lo último que quería hacer.... sacarlo de mí, decirlo en voz alta...

Un embarazo es algo extraño: el cuerpo de la mujer se convierte en un receptáculo.  Ya no es ella misma, sino un albergue. 
Acostumbrada a ser yo (siempre yo, casi nunca un nosotros), pensar que era real, que llevaba dentro de mi una vida que por siempre iba a estar ligada a la mía me resultó algo complicado de asimilar.
Curioso, cuando estuve tantos meses buscándola; cuando había sido un proyecto elegido.

Quizá también había una parte de responsabilidad.  De saber que debía cuidar de dos y que en el momento de nacer cambiaría mi vida para siempre.

Lo curioso es que, una vez nacida, vuelvo a ser yo: Ya no siento tanta responsabilidad. Al contrario de lo que resultaría lógico (sentir más responsabilidad con ella) estoy algo más libre (agotada, pero libre).

En fin: hace poco más de un mes, el 1 de junio, ha empezado mi nueva vida. Nuestra nueva vida.  

11/2/14

las cosas ocurren...

Desde hace tiempo busco mi camino. La maternidad ya está siendo un modo de encontrarme a mí misma y a ese "yo" mío que me gustaba y perdí hace unos años.
Otro camino es recuperar la música que me emocionaba y que desde hace años no escucho (no sé si por pereza, dejadez, olvido…).
Y en ese camino he encontrado otra senda, la senda que marca una bellísima canción de Silvio Rodríguez: Debo.
Estos días me están pasando cosas que me hacen sentir más feliz. Y reencontrar esta canción ha sido un buen broche. Nunca he creído en las casualidades; sigo sin creer. Pero estoy segura de que a menudo encontramos lo que buscamos incluso sin saber que las habíamos perdido o que las necesitábamos. Quizá simplemente tenemos el radar mejor ajustado y las cosas ocurren porque dejamos por fin que ocurran.
Yo me siento así hoy: las cosas ocurren y estoy aprendiendo a disfrutarlas… y “volverme a encantar como supe de niña”...

Debo            Silvio Rodriguez

Debo escuchar otra vez la guitarra del barrio
y recorrer mi ciudad para reconocerla
debo volverme a encantar como supe de niño
y despertar como un dios que alargara la sienta.

Debo leer en el mar la lección de lo inmenso
y renombrar el color que la vida me enseña
debo saber respirar un oxígeno fresco
y regresar a ese sol que contigo me espera.

Debo aprender que mañana es un mundo habitable
lleno de instantes, promesas y besos y sueños
debo encontrar la semilla del hijo y del padre
debo bañarme otra vez en el claro deseo
en el hondo deseo, deseo.

Debo ponerme a brillar con la luna entreabierta
y recostarme en la paz que humedece tu abrigo
debo saberle cantar a una noche tan nueva
como aquella que una vez estrenaras conmigo.

17/1/14

te alegra el día

Ayer me pasó una cosa curiosa que me hizo reflexionar sobre el modo en que vivimos la vida y, especialmente, el modo en que quiero vivirla a partir de ahora. De hecho, podría considerarse que fueron dos sucesos, pero tan unidos que... bueno, lo explico y que cada uno reflexione a su gusto.
El caso es que me fui a una tienda de una cadena de estas de electrodomésticos que te venden todo tipo de aparatos. Yo necesitaba unos auriculares y allí estaba: delante de un aparador donde había un número mucho mayor del que hubiera esperado. De pronto, me vi con dos altamente similares, uno en cada mano, intentando decidir cuál era mejor (sin tener, por supuesto, la más mínima idea). 
Se me acercó un señor muy amable (uno de los asistentes de la tienda) a preguntar si necesitaba ayuda y me auxilió ante mi disyuntiva. 
También me ayudó a elegir un cargador de coche y, una vez que le di las gracias y me alejé pensando en lo amable que había sido, llegué a la caja donde la cajera intentaba entenderse con un cliente de habla inglesa.
El señor hablaba a toda velocidad y ella no entendía nada. Me preguntó si hablo inglés y mientras le explicaba que mi conocimiento del ingles era de 0,1 el cliente (que no entendía lo que nos decíamos) me explica (a la misma velocidad) el mismo rollo que le había contado a ella. 
Yo no entendía nada. Pero entre la expresión del señor, lo que me contaba y lo que deduje de la situación utilicé un par de las palabras que usó él para explicarle que el dinero que la tienda le debía de la devolución de un artículo se lo abonarían en cuenta. 
El señor me entendió y la cajera me miró agradecidísima porque ya no sabía donde meterse.
Entre unos y otros me alegraron el día. Estaba tan contenta de que me hubieran ayudado y tan contenta de haber podido ayudar que salí de allí satisfecha de la vida.
Entonces recordé la película de “Cadena de favores” y pensé... ¿tanto cuesta? Para ser altruista no es necesario apuntarse a una ONG ni dar grandes donativos si no se puede. A veces basta con ayudar a la persona que tienes al lado. 
Y, encima, ¡te alegra el día!

14/1/14

sólo viviendo

Voy a ser madre. Creo que por muchas veces que lo diga en voz alta no me lo llego a creer...  ¿no conseguiré asumirlo hasta que la vea?
Mi hermano suele decir que la naturaleza es sabia y te da 9 meses para que te vayas haciendo a la idea. Siempre pensé que lo decía por los padres, pero ahora me doy cuenta de que las madres también pasan lo suyo...
La verdad es que cuando la vi en la ecografía de las 15 semanas fue la primera vez que me tomé en serio el tema. Parece muy frívolo decirlo así, pero es cierto que hasta aquel momento sólo había sido un montón de células que crecían. 

Aún no soy capaz de buscarle un nombre. Ni de ponerme a arreglar su habitación. Ni siquiera puedo hacer planes de futuro y pensar qué será de nosotras cuando nazca. Pero creo que ya empiezo a ser madre porque cuando oigo (ya sea en las noticias, en una película, etc.) que un padre o una madre sufren por sus hijos yo sufro por la mía incluso sin ser capaz de sentir que lo soy...

Durante mucho tiempo pensé que mi vida no era lo que yo había elegido. Pero ahora me doy cuenta de que nunca tomé una decisión sobre qué quería que fuera, por lo que no puedo sentirme decepcionada. 
Precisamente, lo que ahora cambia es que, por primera vez, sí me siento protagonista de una historia que elijo yo; que quiero elegir yo. Sin dolerme por un pasado que me perseguía ni por un futuro que no parecía que llegara. Sin dormir intentando olvidar el presente. Sólo viviendo.

Porque siento una ilusión que no había sentido nunca. Porque sé que, aunque será duro, será divertido, será apasionante... viviré y lo haré a pleno pulmón. Y, con suerte, no podré volver a arrepentirme de aquello que no hice o que no pensé en hacer.