No sé si somos conscientes a diario… quizá deberíamos. Porque las palabras a menudo se alojan en nuestro cerebro y pueden hacer de nosotros lo que ellas quieran. Es tan fácil como hacer una marca en un bloque de mantequilla. Con la diferencia de que son marcas indelebles que permanecerán, posiblemente, incluso hasta pasado el día en que su emisor ya no pueda decir más.
