18 septiembre 2011

¿cuándo se deja de amar?

¿Cuándo mueren los muertos?  Cuando uno los olvida. ¿Cuándo desaparece una ciudad? Cuando no existe más en la memoria de los que la habitaron. ¿Cuándo se deja de amar? Cuando uno empieza a amar nuevamente. De eso no hay duda.                                                
La ley del amor. Laura Esquivel

Este fragmento lo encontré en un manual de psicología (extraño lugar para un texto tan bello). Debo reconocer que no he leído el libro.
El caso es que me hizo pensar…: estoy de acuerdo en que muchas cosas desaparecen cuando dejamos de pensar en ellas. Y, seguramente como Esquivel dice, se deja de amar cuando se ama nuevamente (es decir, cuando, de nuevo, se olvida).
Pero recientemente he descubierto que hay otra forma de dejar de amar y es cuando uno se da cuenta de que ya no queda nada de la persona que amó.
Las personas cambiamos. Eso no es ningún secreto. El tiempo nos modela y nosotros unas veces cambiamos porque nos cambian y otras porque tomamos decisiones que nos llevan por otros derroteros.

O quizá el problema es que uno cambia y la persona  a la que amó se queda estanca allí, en algún lugar de nuestro pasado y, al cambiar nosotros, nos parece que se crea un abismo entre aquellos que fuimos.

A menudo, no se puede volver a amar porque se está tan clavado en el pasado que nada cabe más que los recuerdos. Hasta que se comparan con la realidad y uno descubre, como Penélope (la de Serrat), que nada queda de aquello.
Entonces, uno se libera; y se vislumbra una aurora que se debe aprovechar…. para empezar a amar nuevamente.

04 agosto 2011

el que quiera ser amado, que ame

Hay infinidad de comentarios atribuidos a personas que nunca los realizaron. Sin embargo, no dejan de tener sentido porque no sepamos cuál es el autor.
Hoy me encuentro con uno de esos que puede resultar idealista pero que si nos lo tomáramos en serio quizá permitiera cambiar cosas:

Dicen que le preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles son los factores que destruyen al ser humano y que él respondió así:

La Política sin principios,  el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad.
La vida me ha enseñado que la gente es amable si yo soy amable; que las personas están tristes si yo estoy triste; que todos me quieren si yo los quiero; que todos son malos si yo los odio; que hay caras sonrientes  si yo les sonrío; que hay caras amargas si yo estoy amargado; que el mundo está feliz si yo soy feliz; que la gente es enojona si yo soy enojón; que las personas son agradecidas si yo soy agradecido.

La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida es la misma que la vida tomará ante mí.

El que quiera ser amado, que ame.

21 julio 2011

in memoriam Potato

En enero del año pasado escribía el post Potato y comentaba que a mi gato ya le quedaba poco... la pobre ha aguantado un año y medio más sin dar ni un problema.
El martes se levantó con una pata inmóvil. Por la tarde, el veterinario me dijo que se le había parado un nervio. Que pasa a veces y que quizá podía sobrevivir a eso. Pero al día siguiente, ayer, ya no se despertó.


No se le pudo pedir más: Fue un gato ejemplar que vivió contenta (porque aunque se llame Gato Potato, era una gata), y me hizo mucha compañía mientras duró nuestra vida juntas.
Ahora la casa parece más grande. Y la añoro cada vez que me muevo, porque espero oírla, o que venga corriendo a la cocina a pedir comida, o que se siente encima de mí cuando me siento en el sofá…

La quise tanto como lo máximo que se pueda querer a un bicho. Y espero que sea verdad lo que alguien me dijo ayer: que vivió tanto tiempo (este mes hacía 18 años) porque era feliz conmigo.

Descanse en paz.

11 junio 2011

Me encanta este cuadro:
Desesperado.
Autorretrato de Gustave Courbet (1844-1845). Pertenece al realismo y tuve ocasión de verlo en una exposición en Barcelona.
La reproducción no hace justicia al original. Pero era el único modo de traerlo aquí.
El nombre sí le hace justicia. Lo que desconozco es cuántas horas debió pasarse Courbet mirándose al espejo para plasmarlo con tanta riqueza… ni el caudal de sentimientos que debieron provocar dicha expresión…

09 junio 2011

pudor

Hace unos días me encontré con una amiga de mis padres. Le pregunte como le iba, preparándome para una conversación insulsa sobre la cotidianeidad... Pero me sorprendió al decirme que estaba luchando por intentar cada día no agobiarse por pequeñas cosas, no sufrir por tonterías y, así, conseguir ser más feliz.
De pronto, me sobrevino un pudor extraño: sentía como que me estuviera hablando de algo tan íntimo que fuera de mala educación traerlo a colación en una conversación que yo preveía insulsa... Tanto que me impidió decirle que yo estaba en lo mismo.
No sé bien qué debería concluir de esto… ¿que no me atrevo a hablar de mis sentimientos con otra persona o que en general estamos tan acostumbrados a no hablar de nosotros que nos sorprende que alguien lo haga con naturalidad?
Escuché comentar en la radio un estudio del Instituto Vasco de Estadística del que se deduce que buena parte de la sociedad no tiene ni un amigo con quien compartir su vida… ¿qué le pasa a la sociedad?, ¿qué nos pasa a todos? Quizá deberíamos ir, como el hombre de hojalata, a buscar nuestro corazón a Oz…

07 junio 2011

el inexorable paso del tiempo

Hace seis años que estoy estudiando una licenciatura. Yo ya cursé mis estudios en su momento; pero el ser una adolescente perezosa y con pocas ganas de estudiar hizo que no pudiera optar por la que quería cursar, de modo que años más tarde decidí que nunca es tarde y empecé de nuevo... hace seis años de eso!
Ahora empiezo a verle el final a esa carrera (nunca mejor dicho); de momento porque he acabado el curso y, a falta de algunos exámenes presenciales, ya estoy un poco relajada.
El caso es que el sábado pasado fue la primera vez que podía ir a cenar con una amiga tranquilamente, sin pensar que la mañana siguiente debería madrugar para estudiar… Y lo que veía desde mi posición en el restaurante era esto (no pude resistir hacer una foto, aunque sea de mala calidad):
Eso provocó que me pasara la cena pensando en “el inexorable paso del tiempo”.
Para colmo, en el restaurante había mucho ruido, casi no oía nada, con lo que no pude relajarme demasiado…. Eso de gritar para que me oigan (aunque en mi familia me digan constantemente que grito mucho) ¡no me gusta nada! De hecho, al empezar la cena recordé que era por eso por lo que no frecuentaba aquel restaurante (a pesar de que tienen una buena cocina).
El tiempo… se dice que cuando nos hacemos mayores el tiempo pasa más deprisa. Yo creo que en realidad es culpa de que cuanto más mayores nos hacemos más nos empeñamos en hacer al día más cosas de las que realmente caben en 24 horas. De modo que no recuerdo ni lo que comí ayer porque desde entonces ¡han pasado tantas vidas….!
Lo más curioso es que andaba pensando en eso cuando me crucé unos mails con un compañero de facultad cuya firma reza:
Siempre creemos que va a haber más tiempo... hasta que se acaba.
¡No creo que se pueda añadir más!

01 mayo 2011

grandes amigos

Acabo de volver a ver Los amigos de Peter. Es tal como la recordaba… exceptuando que no me acordaba del Sr. Laurie en esta película, con esa cara que tenía de triste, antes de hacer House… es curioso cómo ha cambiado a lo largo de los años, ha pasado de ser un excelente secundario soso a un estupendo y atractivo médico cínico.
La cuestión es que estoy estos días bastante triste. Lo suficiente, al parecer, como para engancharme a Peter y sus amigos ya que la daban en la TV.
Es una película que nunca decepciona. Incluso tantos años después. Es de aquellas que te hacen sentir nostalgia de cosas que no has tenido nunca. Por ejemplo, de esa reunión de amigos en la que acaban todos contentos a pesar de todas las decepciones de la vida, los sufrimientos, las enfermedades… estas cosas sí las tenemos. Lo que no sé si tendremos es la oportunidad de reunirnos así con los mejores amigos, en una casa, salón, bar o lo que sea, rememorando aquellos años desde los que han pasado tantos que uno ya no lleva ni la cuenta.
Antes pensaba que eso pasa a los cuarenta… ahora que se acercan pienso que quizá haya que esperar a los 50 para darse cuenta de todas las cosas buenas de la vida. De momento no las veo todas, sólo algunas pocas. Espero que con el tiempo pueda también reunirme con mis amigos para rememorar cosas bonitas y sentir que algo nos une a la vida; aunque sólo seamos nosotros mismos.